

RESUMEN: La vida acelerada, el poco tiempo
disponible para la elaboración de alimentos, la gran disponibilidad de
alimentos no saludables en el mercado, la presión mediática, y el estilo de
vida, incrementan el riesgo a enfermedades ocasionadas por la mala alimentación.
Con base en lo anterior, el objetivo del presente estudio fue estimar en un
grupo de personas mexicanas mayores de edad; el conocimiento sobre la
alimentación saludable y enfermedades, adquisición de la despensa por su estilo
de vida (económico, familia y social), y el conocimiento sobre Alimentos
Funcionales, dónde y con qué frecuencia los adquiere. Se tomó como modelo la
ciudad de Saltillo Coahuila, México, el estudio se realizó en tres etapas
durante el 2020: I: Clasificación de alimentos y Sitios comercializadores, II:
encuestas, III: Análisis estadístico de resultados. Se aprecio una demanda de
alimentos funcionales por parte de los encuestados. La población objetivo
comprende y aplica alimentación saludable, donde la mayoría de sus integrantes
y parientes padece enfermedades crónicas degenerativas, teniendo buenos hábitos
alimenticios, aunque el conocimiento sobre alimentos funcionales es reducido.
PALABRAS CLAVES: Alimentos funcionales, nutracéutico, probióticos, prebiótico, antioxidante
ABSTRACT: The fast pace of life, limited time for food preparation, the wide
availability of unhealthy foods, media pressure, and lifestyle factors increase
the risk of diseases caused by poor nutrition. Based on this, the objective of
this study was to estimate, among a group of Mexican adults, their knowledge of
healthy eating and related diseases, their grocery shopping habits influenced
by their lifestyle (economic, familial, and social factors), and their
knowledge of functional foods, including where and how frequently they purchase
them. The city of Saltillo, Coahuila, Mexico, was used as a model. The study
was conducted in three stages during 2020: I: Classification of foods and
retail outlets, II: Surveys, and III: Statistical analysis of results. A demand
for functional foods was observed among the respondents. The target population
understands and practices healthy eating, and most of its members and relatives
suffer from chronic degenerative diseases, maintaining good eating habits,
although their knowledge of functional foods is limited.
KEYWORD: Functional foods, nutraceutical, probiotics,
prebiotic, antioxidant
INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, la vida ajetreada
ha propiciado cambios alimenticios, además, las nuevas tendencias en la alimentación,
que algunas veces son poco saludables, junto con el sedentarismo y el estrés,
son factores de riesgo para enfermedades como: hipertensión arterial, obesidad,
diabetes, y cáncer entre otras (Carapia-Vega, et al, 2024; Sarmiento-Rubiano, 2025). Godnic
(2009), indica que, en las últimas décadas, la dieta no es la
más adecuada de acuerdo con la fisiología y genoma de los seres humanos y
menciona que se ha observado un aumento en el consumo de grasas de baja
calidad, azúcar, sal, y alimentos más refinados, mientras que se ha visto una
disminución en el consumo de ácidos grasos omega 3, 6 y monoinsaturados y
fibra. Melchor et al., (2016), reportaron que los alimentos se han
transformado con el propósito de maximizar los beneficios de los consumidores.
Las creencias sociales y religiosas, modas
y las prácticas relacionadas con la alimentación han afectado la dieta humana;
propiciando que los seres humanos realicen una selección de alimentos basados
en símbolos, prestigio, mitos, jerarquía, sentido religioso, y que estén
acordes a sus propias necesidades físicas, psíquicas y sociales (alimentos para
festividades, mujeres, hombres, mujeres embarazadas, niños, adultos mayores,
etc.) (Enrique et al., (2024); Melchor et al., 2016). Calvo et al.,
(2011) reporta que los alimentos deben de tener distintas
funciones entre ellas; satisfacer el hambre, proveer nutrientes y calorías, ser
un factor de integración o desintegración social, producir estímulos
fisicoquímicos para la formación de hábitos y patrones alimentarios, que
disminuyan los riesgos a padecer enfermedades crónico-degenerativas
(Franco-Patiño, 2010). Mientras que, Aguirre, (2004), indicó que, comer es un
hecho “biológico” y “natural”, importante desde el punto de vista
antropológico, basándose en que muchas personas fallecen de inanición por falta
de nutrientes no considerados “comida” debido a su cultura o también por
nutrientes no valorados como alimento, pero que en casos extremos son
consumidos. Otros seres humanos limitan su dieta por creencias religiosas,
salubristas, motivos ideológicos, o puro convencimiento personal. Por lo que,
Vargas, (2013) menciona que la dieta es un proceso biocultural desde el punto
de vista antropológico, basada en las funciones fisiológicas básicas del cuerpo
humano y que pueden cambiar por efecto de su cultura y la sociedad, teniendo su
propio concepto de “alimentación correcta”, que puede modificarse con el
tiempo. Aunque, Correa-Argueta et al., (2016), comentaron que los
patrones individuales de consumo de alimentos y bebidas se debe principalmente
a las necesidades metabólicas, aportes de nutrientes y vitaminas.
Paralelamente, cada vez más personas se preocupan por
su alimentación y su salud, por lo que demandan una alimentación más sana, así
mismo, los medios de información tienen una gran influencia en la compra y
deseo de tener dietas saludables en seres humanos con o sin enfermedades
crónicas y sin importar el estatus socioeconómico. Coto-Fernández y Janzen
(2007), indicaron que las características de una alimentación sana son: variar
en cada comida los ingredientes, practicar medidas de higiene en la elaboración
y en el consumo de alimentos.
En los últimos años se ha enfatizado el concepto de
que los alimentos además de nutrir deben de tener beneficios a la salud. En
1984 el Ministerio de Educación Ciencia y Cultura Japonesa (MESC) estableció el
concepto de alimentos funcionales (AF), para referirse a alimentos o
componentes alimenticios con efecto beneficioso para la salud; en ese mismo
país (1991) se legalizo la comercialización de AF con la denominación “FOFHU” (Food for Specified
Health Use) (Sarmiento-Rubiano, 2006). Sin embargo, Romero- Rivo et al., (2026) consigna que en Mexico existe poca información sobre los
hábitos alimenticios, dado que, se desconoce sobre la alimentación sana,
alimentos funcionales, clasificación, enseñanzas y demandas por parte del
consumidor de alimentos. Con base en lo anterior, el presente estudio se llevó
a cabo para identificar el comportamiento de compra y consumo de alimentos
funcionales (AF) por habitantes de una ciudad de tamaño mediano en México
(Saltillo, Coahuila).
METODOLOGIA
Localidad de muestreo
Se aplicaron encuestas a habitantes de
Saltillo, Coahuila, México, donde participaron mayormente personas de clase
media y mayores de 18 años (Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza, 2021).
Clasificación de alimentos y Sitios comercializadores
Los alimentos se clasificaron en dos grupos de acuerdo
a Gaona-Pinda et al., (2018): alimentos que se recomiendan como de consumo
diario (frutas, leguminosas, verduras, agua, carnes no procesadas, lácteos y
huevo) y que su consumo diario no han sido asociado con enfermedades crónico
degenerativas y alimentos que no se no recomiendan para consumo diario (comida
rápida y antojitos mexicanos fritos con grasa, carnes procesadas, dulces y
postres, cereales dulces, botanas, bebidas lácteas endulzadas y bebidas lácteas
no endulzadas), cuyo consumo frecuente se ha relacionado con el aumento en el
riesgo a alteraciones en la fisiología humana, así como con enfermedades
crónicas. La información se obtuvo con base en su clasificación y distribución
en los pasillos de venta en los siguientes lugares de distribución de
alimentos: Soriana, LEY, Bodega Aurrera, H-E-B, Merco, Sam`s,
Al Super, Costco, Mi tienda, Walmart, City club, tienda de abarrotes “La
Cabaña”, y un mercado ambulante.
Encuestas
Para la elaboración del cuestionario de investigación
(Anexo I), se consideró la metodología mencionada por Alcaraz et al.,
(2006), sin embargo, se realizaron algunas modificaciones de acuerdo con la
información consultada para el marco teórico. Para no confundir a la persona
entrevistada, se realizaron solo preguntas de opción múltiple. Debido a la
contingencia sanitaria por el COVID, en este estudio, se llevaron a cabo 300
encuestas de manera virtual utilizando la plataforma Google Forms. Los ingresos económicos y gastos se
consideraron con base en el INEGI, (2016), se tomaron las máximas precauciones
para respetar la información personal, la privacidad y únicamente para estimar
el estilo de vida y de alimentación de los entrevistados.
Análisis estadístico
En la mayoría de los casos, las respuestas en la
encuesta se usaron para estimar frecuencias, mientras que, para otras
preguntas, los resultados se analizaron empleando análisis de datos categóricos
de tres tipos SX2, SXR y 2X2, en todos los casos, los datos fueron analizados
estadísticamente empleando el programa estadístico SAS (versión 9.0).
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Sitios comercializadores
Las tiendas de autoservicios que
comercializan los AF, los asignan a diferentes departamentos, por ejemplo:
alimentos perecederos, alimentos generales como son: frutas, vegetales,
panadería, carnicería, lácteos y pasillos de bebidas y en algunos casos no mencionan
nada de la actividad biológica de los AF, específicamente para legumbres,
frutas y verduras, y alimentos de origen animal; aunque esta
información se encuentra en el plato del buen comer (NOM-045-SSA2-2005). Así,
se logró identificar los tipos de AF disponibles. La recolección de esta
información fue de las páginas de compras virtuales en diferentes plataformas
de internet utilizadas para adquirir alimentos durante la contingencia
sanitaria por COVID-19.
Se aprecio que en algunos supermercados clasifican los
pasillos como Guillen (2019) mencionó a frutas y vegetales como AF por sus
metabolitos secundarios y sus diferentes actividades biológicas (antioxidantes,
anti-proliferativa, antimicrobiana, etc.). Aunque en
las últimas décadas se han modificado los procesos de producción para
enriquecer algunos alimentos con el fin de beneficiar la salud humana (Melchor et al., 2016). En este estudio, se
apreció que, en diversas tiendas, eran varios los pasillos con AF, mientras
que, en otras, estos alimentos se encuentran solo en un pasillo y que las
personas compran su despensa en la tienda de su preferencia, y/o en la que se le acomoda a su presupuesto.
Características de las
personas encuestadas
De acuerdo con su género, el 56 % de las
300 encuestas, fueron realizadas a mujeres y el 44 % a hombres, la edad en las
mujeres fluctuó entre 18 a 83 años, mientras que los hombres encuestados entre
20 a 87 años. En ambos casos, las personas entre los 20 a 29 años fueron las
que mayormente contestaron la encuesta. Los rangos y el mayor número de
encuestas por personas en edades de 20-29 años, puede ser explicado a que la
encuesta compartida por compañeros de la universidad donde estudio el primer
autor, mientras que las personas de mayor edad fueron contactadas por redes
sociales tales como: WhatsApp, Instagram y Facebook seleccionado a las personas
al azar en la mayoría de los casos.
En este estudio, se observó que la mayoría de las
familias tiene 4 integrantes, les siguen en frecuencia familias formadas con
tres y cinco integrantes. Mientras que, el ingreso promedio de las personas se
obtuvo del Censo Hogar y Vivienda del INEGI (2016) y fluctuaba entre $10,000 y
$12,000 por mes. Franco-Patio (2010) y Business Research Insights, (2026) indicaron que, en el
consumo de alimentos, se deben considerar los ingresos personales y el
presupuesto dedicado a la canasta básica, tomando en cuenta las tendencias de
mercado que impulsa la sustitución, conocimiento y adquisición con la ayuda de
revisión del etiquetado. Otros aspectos que se deben
considerar son la desigualdad en la distribución y acceso a los recursos, que
impacta el acceso a alimentos suficientes y necesarios. En este estudio, se
apreció que, en promedio, la población encuestada gasta alrededor del 50 % de
sus ingresos en la alimentación. Civiera et al., (2007), consignan que el ser
humano siempre ha tenido como reto, la obtención del alimento necesario para su
subsistencia.
Conocimiento sobre
alimentación saludable
La mayoría de las personas encuestadas (258)
comentaron que lo mejor es comer diversificado, pero de una forma balanceada si
se quiere tener una dieta sana, mientras que un grupo de 38 personas indicaron
que para una alimentación sana lo mejor es ingerir alimentos bajos en
carbohidratos y grasas, por su parte 5 personas indican que lo mejor es
disminuir el consumo de alimentos específicos en algunas temporadas del año (Cuadro 1). En este caso, se probó la
hipótesis nula que establece que el número de personas que opinan sobre las 3
opciones es parecido, mientras que la hipótesis alternativa indico que al menos
un grupo de personas tenía una opinión diferente para alguna opción. Estas
hipótesis se comprobaron utilizando un análisis categórico basado en tablas
2xr, resultando la prueba de Chi cuadrada con un valor de Q de 379.58, y de p al 0.05 de 7.31, lo que lleva a
descartar la hipótesis nula, y se puede mencionar que la opción acerca de la
alimentación sana de comer de todo un poco, pero balanceadamente, predomina
sobre las otras opciones. El consumo de alimentos en
las poblaciones evoluciona con el tiempo, edad, estado de salud; por tanto, Se
ha incrementado la esperanza de vida de los seres humanos gracias a migraciones
de población, descubrimientos científicos, geográficos, influencia de las redes
sociales y tecnologías novedosas alimentarias (Business Research
Insights, 2026; Calvo, et al., 2011).
Cuadro 1. ¿Cuál sería una alimentación sana por género?
|
Género |
Comer de todo un poco, pero
balanceadamente |
Comer bajo en carbohidratos y grasa |
Dejar de consumir ciertos alimentos
durante temporadas definidas |
|
Mujer |
16 |
148 |
2 |
|
Hombre |
23 |
110 |
1 |
Sobre lo que se considera una alimentación
sana, la percepción de los entrevistados no vario con respecto al género, 9.5 %
mujeres mencionaron que ingerir todo tipo de alimentos, pero en bajas
cantidades, de una forma balanceada, mientras que el 88% de las mujeres indican
que es más saludable consumir alimentos con cantidades bajas de grasas y
carbohidratos y finalmente el 1.19 % de mujeres indicaron que lo mejor es que
en temporadas definidas se dejen de consumir alimentos específicos, Por su
parte, el 17.3 % de los hombres consigno que se debe de ingerir de todos los
alimentos, pero en bajas cantidades de cada uno y en una forma balanceada,
mientras que para el 82% de los hombre,
lo mejor es ingerir alimentos con cantidades bajas de grasa y carbohidratos, finalmente el 0.75 %
de los hombres consideraron que en ciertas temporadas se deben de dejar de
consumir algunos alimentos específicos, en esta variable el estadístico Q con
valor de 3.7507; p: 0.0528 y Qp con valor de 3.8167;
p: 0.1483 fueron no significativos. Illich (1975), menciono que “alimentación
correcta” engloba los términos “dieta correcta” y “dieta normal”, indicando que
se debe comer, con qué y por qué.
No existe una diferencia en la percepción
de una alimentación sana, entre personas de diferentes edades (Cuadro 2). Las personas encuestadas, independientemente
de su edad y sexo coincidieron que “alimentación sana” significa ingerir un
poco de diversos alimentos, pero de una forma balanceada, fueron 1 % menores de
20 años, 83 % personas entre 20-30 años, 51/58 de las personas entre 30 a 40
años y 87% personas de más de 40
años.
Cuadro 2. ¿Cuál sería una
alimentación sana
por edades?
|
Edades |
Comer
de todo un poco, pero balanceadamente |
Comer
bajo en carbohidratos y grasas |
Dejar
de consumir ciertos alimentos durante temporadas definidas |
||||
|
Menor
a 20 |
2 |
0 |
0 |
||||
|
Entre
20-30 |
118 |
23 |
1 |
||||
|
Entre
30-40 |
51 |
5 |
2 |
||||
|
Más
de 40 |
87 |
10 |
2 |
|
|||
Las diferencias estadísticas entre los
tratamientos se estimaron categóricamente empleando tablas SXR, el estadístico,
presentándose un valor de 0.3029 para Q mientras que se apreció un valor de p
de 0.5821, para Qp se observó
un valor de 5.1803; p: 0.5209. En los dos estadísticos se apreciaron diferencias
significativas. Lo que sugiere que, sin importar la edad, las personas
coincidieron que, para tener una alimentación sana, se debe ingerir todo tipo
de alimentos, aunque en bajas cantidades y de una forma balanceada.
Hábitos de alimentación
En la Figura 1 se presenta la lista de
alimentos que cotidianamente se compran en autoservicios, donde predominan
carne, frutas frescas, cereales y lácteos. En forma general se puede decir que
la población tiene una alimentación balanceada. Vidal-Quintanilla (2008)
menciona que tanto nutriólogos como médicos sugieren el consumo diario de: frutas frescas en abundancia, granos
integrales, y vegetales coloridos, ingiriendo además cantidades moderadas de
sal, azúcares, aceites y proteína animal, y grasas saturadas.
En este estudio se apreció un valor de 158.41
(p<0.05) para Q en la prueba de Chi cuadrada, lo cual indica que la mayoría
(259/300) de las personas tienen conocimiento del plato del buen comer. La Secretaria de
Salud de México difunde el “Plato del Buen Comer” con la finalidad de que la
población cambie a una dieta que mejore su estado de salud, con este plato se
incentiva la ingesta de alimentos de origen animal, especialmente para la
población que se encuentra en riesgo de desnutrición, entre otras conductas
(Lutz y Miranda, 2018). Aunque, aunado a los problemas de salud de la población
que se asocian a malos hábitos alimenticios y obesidad, dichas estrategias
institucionales resultan poco efectivas. De igual manera, González et al., 2014
consignan que, ante los problemas de salud actuales, los sistemas de salud
gubernamental son capaces de responder eficientemente adoptando nuevas
estrategias, para atender el incremento de enfermos crónicos, ya que estos
padecimientos se pueden prevenir. Así como, a los costos asociados para el
tratamiento de enfermedades crónicas, y sus complicaciones que son una carga
importante tanto para pacientes como para los servicios de salud del estado. Sin embargo, cuando se les pregunto si aplicaban el
plato del buen comer en su alimentación solo el 39 % de los encuestados asintió
usar este plato. La prueba de Chi cuadrada, reporto un valor de 13.65
(p<0.05) para el estadístico Q, esto indica que las personas
encuestadas en su mayoría no aplican en su dieta el plato del buen comer.

Figura 1. ¿Cuáles alimentos adquiere comúnmente al surtir su despensa?
Respecto al género se observó que las mujeres son las
que conocen más el término “plato del buen comer” que los hombres, en un
análisis categórico de tablas 2x2, se encontró que tanto el estadístico Q
"Chi-cuadrado de Mantel-Haenszel", y Qp "Chi-cuadrado" mostraron valores de 20.2052 de
20.2725 para Q y Qp, respectivamente, ambos fueron
significativos a p: <0.0001, lo que sugiere una fuerte asociación entre el
género y el conocimiento sobre el plato del buen
comer (Cuadro 3). Lutz y
Miranda, (2018), indican que a pesar de que el Plato del Buen Comer se ha dado
a conocer a los mexicanos a través de diferentes medios de divulgación, la
mayoría de las personas comentan que conocieron de este plato en la escuela
primaria, por medios publicitarios, centros de salud, y gimnasio.
Cuadro 3. Conocimiento del plato del buen comer
|
Género |
Conoce |
|
|
Si |
No |
|
|
Mujer |
158 |
10 |
|
Hombre |
101 |
32 |
Sin embargo, cuando se les pregunto si aplicaban el
plato del buen comer en su alimentación, solo 77/168 mujeres y 41/132 hombres
reconocieron aplicar este concepto en su dieta.
En un análisis categórico de tablas 2×2 los estadísticos Q y Qp fueron significativos a p<0.01, lo que sugiere que
las mujeres aplican más el plato del buen comer, que los hombres. Cuando se le inquirió sobre si aplican el
plato del buen comer, las personas de 20 años o menos 2/2 menciono que, si lo
aplica, misma respuesta la dieron algunas personas (43/142) entre 20 y 30 años,
en el grupo de personas cuya edad fluctuaba entre los 30 y 40 años, los que
indicaron que si aplican este plato fueron 24/58, y por último casi el 50 %
(49/99) de personas mayores de 40 años mencionaron usar el plato del buen comer
(Cuadro 6). La estimación de diferencias estadísticas en las respuestas de
estos grupos de población se analizó categóricamente con tablas SXR, mostrando
un valor de 7.2191 y p: 0.0072 para el estadístico Q; este resultado sugiere
una asociación entre la edad de la persona y el uso del plato del buen comer,
siendo los más jóvenes y los de más edad, los que más usan el concepto del
plato del buen comer.
Enfermedades asociadas a
los hábitos alimenticios
Cuando se les preguntó que mencionaran de 1-3
enfermedades que padece el encuestado o algún miembro de su familia, se apreció
que las enfermedades más frecuentes fueron diabetes, hipertensión y obesidad (Figura 2). Córdova-Villalobos et al., (2008), consignan que el
concepto de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) se refiere a diversos
padecimientos que aportan a la mortalidad por medio de un número reducido de
desenlaces (enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedad vascular
cerebral). Las ECNT afectan básicamente a personas adultas que en la mayoría de
los casos son los que aportan el sostén económico familiar, por lo que estas
ECNT afectan el bienestar toda la familia, por otra parte, el tratamiento de
estas enfermedades representa un alto costo para la familia y el estado
(González et al., 2014).
Figura 2. Enfermedades crónico-degenerativas asociadas con
hábitos alimenticios
Alimentos funcionales
De los encuestados, el 82 % admitió conocer el
significado de los AF (Cuadro 4) y solo el 45 % reconoció consumir AF como
método de prevención o tratamiento de algún padecimiento. Cortés et al., (2005) indicaron que los AF
deben tener 3 condiciones: poseer ingredientes naturales, consumirse
diariamente como parte de la dieta, y promuevan
un beneficio a la salud. Cuando en la encuesta se pidió que mencionaran dos o
más AF que consumían, 245/300 personas indicaron no conocer alguno o bien
dijeron que no hay un alimento con aporte benéfico para la salud. Por otra
parte, casi el 50% (162/300) de los encuestados indicaron que, en el mercado,
hay suficientes AF (Cuadro 4).
Estos resultados sugieren que la información en las etiquetas o a través de
medios de comunicación y marketing pudieran no ser clara o entendible para la
persona promedio, o aún falta información científica que compruebe estos
supuestos beneficios (Araceta et al., 2011). En algunos casos la funcionalidad del alimento está
basada en la tradición o costumbre y en otras ocasiones se atribuye a el
desarrollo científico que hace que los nuevos productos diseñados tengan esta
funcionalidad. Según la encuesta los AF se compran principalmente (149/300) en
tiendas de autoservicio y mercados y tiendas de abarrotes (138/300) (Cuadro 4). Los AF son comprados e
ingeridos principalmente por personas que cuidan su salud, y en promedio
(158/300) consumen tres o más veces
estos alimentos durante la semana (Cuadro
4).
El conocimiento del significado de un
alimento funcional es igual entre los hombres y mujeres encuestados (Cuadro 4), ya que cuando se les
pregunto sobre este significado, 53 % de las mujeres y 48 % hombres dijeron que
si lo conocían. Estas diferencias entre géneros no fueron significativas de
acuerdo con un análisis categórico 2×2, ya que tanto el estadístico Q como el Qp tuvieron valor de p mayor a 0.40.
Para la variable “Consumo de Alimentos Funcionales”,
84/168 mujeres y 51/132 hombres mencionaron que sí consumían (Cuadro 4), para determinar si
existían diferencias estadísticas para estos datos se realizó un análisis
categórico de tablas 2X2. El estadístico
de aleatorización Q "Chi-cuadrado de Mantel-Haenszel"
tiene un valor de 4.0761 y p: 0.0435, mientras que el Chi-cuadrado de Pearson Qp presento un valor de
4.0626 y p: 0.0438. Ambos estadísticos son claramente significativos y sugieren
que no existe mucha diferencia entre el
género y la aceptación, aunque las mujeres consumen más AF. Los hábitos
en la alimentación se atribuyen tanto a factores extrínsecos: recursos
económicos, aceptación social, estructura familiar y distribución de los
distintos roles entre los miembros de la familia, actitudes, conocimiento,
habilidades, y tiempo disponible, y factores intrínsecos entre ellos
personalidad de cada individuo, nivel de convicción, jerarquía de valores, y
credibilidad sobre las recomendaciones alimenticias que hacen las instituciones
gubernamentales (Calvo et al., 2011).
Tanto las mujeres como los hombres indicaron que la
información disponible sobre AF no es
suficiente, solo 24/168 mujeres y 17/133 hombres dijeron que, si hay
información. Estos datos no fueron diferentes estadísticamente entre genero de
acuerdo con un análisis categórico 2X2, donde Q y Qp
tuvieron valores de p= 0.70 (Cuadro 4).
Sarmiento-Rubiano (2006) consigno que con el concepto de alimentos
funcionales se ha incentivado el conocimiento sobre una nutrición moderna e
integral el bienestar, salud, y calidad de vida de los seres humanos, aunado a
que constantemente se están reportando nuevos adelantos científicos sobre AF,
siendo estos avances muy rápidos que escapan a la mayoría de los consumidores,
los cuales pueden ser susceptibles de verse afectados por especulaciones sobre
AF.
Cuadro 4. Conocimiento sobre los AF y los nutrientes en los alimentos de
acuerdo con el género de los encuestados.
|
Pregunta |
Mujeres |
Hombres |
Valor de p para Q |
||
|
Si |
No |
Si |
No |
||
|
¿Conoce el significado de AF? |
89 |
79 |
64 |
69 |
0.4030 |
|
¿Consume AF? |
84 |
84 |
51 |
82 |
0.0435 |
|
¿Es suficiente la información disponible sobre
AF? |
24 |
144 |
17 |
116 |
0.7050 |
|
¿Existe en el mercado suficientes AF? |
100 |
68 |
61 |
72 |
0.0183 |
|
¿Conoce los nutrientes del alimento? |
70 |
98 |
53 |
80 |
0.7505 |
Sobre la percepción de que hay suficientes AF en el
mercado hay diferencias entre hombre y mujeres. En este caso, 100/168 mujeres y
61/133 hombres indicaron que sí (Cuadro
4), las diferencias estadísticas entre los tratamientos se analizaron
categóricamente, empleando tablas 2X2 y se encontró un valor de Q de 5.5485;
p=0.0185 y de Qp de 5.56; p=0.0183, ambos
significativos, lo que sugiere que mujeres y hombres difieren en la percepción
de la cantidad de AF que están disponibles en el mercado, siendo mayor la
frecuencia de mujeres que mencionan que si hay suficientes AF en el mercado. Aranceta et al.,
(2011) reportaron que en los últimos años en supermercados y tiendas se
encuentra una gran diversidad de productos alimenticios, por lo que el consumidor se ha vuelto
más exigente en la compra, buscando que el alimento no solo nutra, sino que
tenga un aporte beneficioso adicional en la salud del consumidor.
Los lugares donde adquieren los AF no difieren con
respecto al género (Cuadro 5),
en general las personas (101/168 mujeres y 76/133 hombres) tienden a comprar
los AF en tienda de
autoservicios. No se encontraron diferencias significativas entre géneros
cuando se realizó un análisis categórico de tablas 2x2, resultando los
estadísticos Q con un valor de 0.2705; p: 0.6030 y Qp
con un valor de 0.2714; p: 0.6024. Ambos estadísticos no son significativos.
Cuadro 5. ¿Dónde adquiere más
comúnmente sus alimentos funcionales?
|
Género |
Tiendas
de autoservicios |
Mercados
y tiendas de abarrotes |
|
Mujer |
101 |
67 |
|
hombre |
76 |
57 |
En la encuesta, 0/2 personas menores de 20 años,
65/142 encuestados entre 20 y 30 años de edad, 29/58
personas entre 30 y 40 años, y 59/99 personas con más de 40 años dijeron que si
conocen que significa un AF (Cuadro 6),
un análisis categórico SXR arrojo que Q tuvo un valor de 5.2816 y p: 0.0216,
este resultado sugiere una asociación entre la edad de la persona y su
conocimiento sobre los alimentos funcionales, personas mayores a 40 años
admitieron conocer más el significado de AF. Illanes, (2015) indico que cada
vez se aumenta la percepción en la población sobre la importancia de una dieta
saludable, lo que ha impactado en el incremento en la esperanza de vida.
Con respecto a la edad, el consumo de AF es diferente
de acuerdo con los resultados de la encuesta (Cuadro 6), los menores de 20 años manifestaron que no consumen
estos alimentos, mientras que 54/142 personas entre 20-30 años, 19/58 personas
entre 30-40 años, dijeron que, si consumen y, 62/99 personas de más de 40 años
mencionaron que si consumen. Un análisis
categórico SXR tuvo un valor de 14.1000; p: 0.0002 para Q, mientras que Qp mostró un valor de
20.3739; p: 0.0001, siendo ambos significativos, lo que indica que existe una
fuerte asociación entre las edades y el consumo de AF. Siendo los mayores de 40
años los que tienen una mayor aceptación de los AF. Madureira et al., (2010) indicaron que la
selección de alimentos por los seres humanos esta influenciada principalmente
por el conocimiento de como la dieta puede ayudar a prevenir enfermedades y
tener una mejor calidad de vida.
Cuadro 6. Conocimiento sobre los AF y los
nutrientes en los alimentos de acuerdo con la edad de los encuestados.
|
|
Edad |
||||||||
|
Pregunta |
Menor a 20 |
20 - 30 |
30 - 40 |
Mayor de 40 |
Valor de p para
Q |
||||
|
Si |
No |
Si |
No |
Si |
No |
Si |
No |
|
|
|
P 1 |
0 |
2 |
65 |
77 |
29 |
29 |
59 |
40 |
0.0216 |
|
P 2 |
0 |
2 |
54 |
88 |
19 |
39 |
62 |
37 |
0.0002 |
|
P 3 |
1 |
1 |
75 |
70 |
25 |
33 |
60 |
36 |
0.1423 |
|
P 4 |
1 |
1 |
20 |
122 |
7 |
51 |
13 |
86 |
0.6267 |
|
P 5 |
1 |
1 |
60 |
82 |
32 |
36 |
39 |
50 |
0.7903 |
|
P 6 |
2 |
0 |
125 |
20 |
48 |
10 |
81 |
15 |
0.5970 |
|
P 7 |
2 |
0 |
43 |
99 |
24 |
34 |
49 |
50 |
0.0072 |
|
P 8 |
1 |
0 |
43 |
69 |
24 |
23 |
43 |
46 |
0.0082 |
Donde: P1= ¿Conoce el significado de AF?, P2 = ¿Consume AF?, P3 = ¿Es suficiente la información sobre AF?, P4 = ¿Existe en el mercado suficientes AF?, P5 = ¿Conoce los nutrientes del alimento?, P6 = ¿Conoce el plato del buen comer?, P7 = ¿Aplica el plato del buen comer?, P8 = ¿Su alimentación es correcta?
En la pregunta “considera que la información
disponible para el público en general, respecto a los AF es suficiente”, se
apreció una marcada tendencia hacia la respuesta negativa de los encuestados,
independientemente de la edad (Cuadro
6). En este caso, solo 1/2 personas menos de 20 años, 20/162 personas
entre 20 y 30 años, 7/58 entre 30 y 40 años y último las personas 13/99 mayores
de 40 años dieron una respuesta afirmativa. En un análisis categórico SXR, el
estadístico Q tiene un valor de 0.2366 y p: 0.6267, lo que indica que no existe
una asociación entre las edades y su comentario de que existe información
suficiente sobre los AF. Moreno (2012) menciona que los AF no son el único
factor para tener una mejor calidad de vida, el ejercicio, manejo del estrés,
dormir lo suficiente etc., también son importantes.
Cuando se preguntó “considera que existe en el mercado
suficientes AF” no se observó una relación entre la edad y la respuesta, ya que
1/2 personas menores de 20 años,
75/145 entre 20 y 30 años, 25/58 entre 30 y 40 años y 60/96 personas más de 40
años, dijeron que sí (Cuadro 6).
El estadístico Q en un análisis categórico SXR, tuvo un valor de 2.1529 y p:
0.1423, lo que indica que no existe una asociación entre las edades y si
consideran que existe en el mercado suficientes AF, en general la mitad de los
encuestados opinan que sí y la otra mitad que no. Aunque, Moreno (2012)
menciona que la aparición de los AF en el mercado ha motivado a la industria
para desarrollar alimentos más nutritivos y que impacten beneficiosamente en la
salud. Así derivando la importancia de contar con un marco regulatorio adecuado
que permita garantizar la protección de los consumidores, brindar la
información necesaria para que el comprador pueda elegir con pleno
conocimiento, y en condiciones iguales de competencia para la industria, lo
cual potencializara el desarrollo de mejores AF.
De acuerdo con la encuesta se aprecia que se prefiere
adquirir AF en tiendas de autoservicio en comparación a mercados y tiendas de
abarrotes, 0/2 personas menos de 20 años, 71/140 entre los 20 y 30 años, 38/58
entre 30 y 40 años y 67/101 en personas con de 40 años, la frecuencia por estos
locales se incrementa con la edad, el estadístico Q de un análisis categórico
SXR, tuvo un valor de 7.5551 y p: 0.0060, esto sugiere una fuerte asociación
entre las edades y el lugar donde compra los AF. Araceta
et al., (2011), consignaron que, en
años recientes, los seres humanos pueden encontrar una gran diversidad de AF en
tiendas de proximidad y supermercados.
Dieta actual
De las 300 personas encuestadas, 138 mencionaron que
no consideraban su alimentación diaria como adecuada, 111 consideraron su
alimentación adecuada y 52 no sabían si era o no adecuada su alimentación, el
valor de Q en la prueba de Chi cuadrada fue de 37.94 (p<0.05), rechazándose
la hipótesis nula, predominando la opinión de que su alimentación no es la
adecuada. Para la alimentación adecuada se tomó como base la pirámide
alimenticia. Lutz y Miranda (2018) reportaron que el gobierno ha otorgado
ayudas económicas al menos 40% de los hogares, como un mecanismo de disminuir
las desigualdades sociales en nutrición y salud. Mientras que, Cervera,
et al., (2012); Serra-Majem et al., (2020), indican que los grupos de
alimentos se deben representar tomando en cuenta las demandas de las personas,
de acuerdo con sus necesidades y una buena estrategia es representar los
alimentos en una pirámide, donde se pueden distinguir los distintos grupos de
alimentos, y tener una orientación sobre que cantidades se den consumir de cada
grupo.
Cuando se preguntó si las personas consideraban que su
alimentación diaria es la correcta, solo 64/168 mujeres y 47/133 hombres
dijeron que sí (Cuadro 7), el análisis categórico 2XR de estos
datos revelo para Q un valor de 0.4420; p:0.5062 y para Qp
un valor 0.4722; p: 0.7897, ambos estadísticos no fueron significativos, por lo
que ambos géneros tienen la misma percepción sobre esta pregunta. Actualmente
existe una gran variedad de alimentos, y con una múltiple variación de un mismo
producto, sin embargo, esto no garantiza que diariamente todas las personas
tengan una comida adecuada, aunque teóricamente sea posible, si se emplean
adecuadamente los recursos y con un sentido solidario (Calvo et al., 2011).
Cuadro 7. ¿Considera que su alimentación diaria es
la correcta?
|
Género |
Si |
No |
No
sé |
|
Mujer |
64 |
77 |
27 |
|
Hombre |
47 |
61 |
25 |
Para la variable “considera que su alimentación diaria
es la correcta”, ½ personas menos de 20 años, 43/142 personas entre 20 y 30
años, 24/58 personas entre 30 y 40 años y 43/99 personas más de 40 años más
dijeron que sí. En esta etapa, los datos fueron categóricamente analizados
empleando tablas SXR. Donde se apreció un valor de 6.9957 y p: 0.008210 para Q, lo que indica una asociación entre la edad de los
encuestados y su opinión sobre si su alimentación es o no correcta, siendo las
personas de más edad, las que más opinaron que es correcta su
alimentación. Los ingredientes de la
dieta deben tener los nutrientes necesarios para cubrir las necesidades del
cuerpo humano pero que no causen toxicidad. Una dieta adecuada debe ser
suficiente, completa, inocua, equilibrada, atractiva sensorialmente
(agradable), económica, entre otros (Vidal Quintanilla, 2008).
Con respecto al género, solo 70/168 de las mujeres y
53/133 hombres aceptaron conocer los nutrientes de sus alimentos (Cuadro 4). Las diferencias entre los
tratamientos se estimaron mediante un análisis categórico con tablas 2×2. Los
estadísticos Q con un valor de 0.1011; p: 0.7505 y Qp
con un valor de 0.1014; p: 0.7501 fueron no significativos, por lo que no
existe una asociación entre el género y el conocimiento de los nutrientes de
los alimentos que consumen. Para la variable “conoce los aportes de nutrientes
de cada alimento que consume”, contestaron afirmativamente ½ personas menores
de 20 años, 60/142 personas entre 20 y 30 años, 32/68 personas entre 30 y 40
años y 39 /89 personas de más de 40 años (Cuadro 6). Las diferencias estadísticas se estimaron mediante un
análisis categórico SXR, donde Q tuvo un valor de 0.0707 y p: 0.7903,
sugiriendo que no existe asociación entre las edades y el conocimiento del
valor nutricional de sus alimentos.
CONCLUSIONES
Este estudio revelo que la mayoría de las
personas encuestadas en Saltillo Coahuila pertenecen a familias pequeñas, cuyos
ingresos varían dependiendo del número de personas que trabajan, los que se
emplean mayormente en necesidades y hobbies, resalta el hecho de que invierten
entre 50 y 60 % de sus ingresos en alimentos dentro de los cuales los AF son
una parte importante. La mayoría de esta
población tiene percepción de una alimentación
saludable, se detectó que existen personas que padece enfermedades crónicas
degenerativas dentro de la mayoría de las familias, lo que propicia que
sus hábitos alimenticios cambien, siguiendo indicaciones medicas o bien porque
ellos perciben estos cambios como una forma de prevención o cuidado en la
salud.
Se observo
que se tiene poco conocimiento o una idea no muy clara sobre el significado de
AF y cuál es su funcionalidad o bioactividad, dado que por lo regular los
consumen principalmente para mejorar su estado de salud o si padecen alguna
enfermedad, estando conscientes de que una dieta saludable les ayudara a que no
se siga deteriorando su salud. Factores como el conocimiento del Plato del Buen
Comer y de una alimentación sana han promovido el consumo de vegetales y
frutas, esto aunado a la publicidad sobre los beneficios nutricionales de los
AF en tiendas de autoservicios. En el mismo estrato social se observaron dos
tipos de comportamiento en la compra y consumo AF alimentos funcionales, 1.-
los que tienen el conocimiento de AF, que los identifican, conocen
cuando consumirlos y en qué lugar
obtenerlos y 2.- aquellos con poco o nulo conocimiento de AF, desconocen que son, y
como adquirirlos, quizás esto pueda atribuirse a la ausencia de una norma
oficial mexicana (NOM), y/o de etiquetado de AF en la comercialización y/o de mayor promoción en los medios publicitarios,
con la finalidad de incrementar el mayor conocimiento sobre los AF dentro de la
población y poder tener una mejor calidad de vida.
AGRADECIMIENTOS
Se agradece a la Universidad Autónoma Agraria
Antonio Narro y a la Universidad Autónoma de Coahuila, México, por el apoyo
financiero brindado para este estudio.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran no tener ningún conflicto
de intereses.
ORCID DE LOS AUTORES
-
https://orcid.org/0009-0002-0079-849X
https://orcid.org/0000-0003-3729-6696
https://orcid.org/0000-0002-8228-6553
https://orcid.org/0000-0002-6428-4925
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